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¿ES TARDE PARA EMPEZAR A ESCRIBIR?

 

El día 25 de junio cumplí 56 años y acabo de publicar mi primera novela.

Mucha gente me pregunta:

 

 

 ¿No crees que es tarde para empezar a escribir?

 

A mi mente siempre llega una respuesta, (que no puedo expresar con palabras porque es malsonante).

Hace referencia a un refrán muy conocido, pero que mi amigo Tomás, siempre tan elocuente, utilizaba cuando se presentaba en el trabajo pasada la hora de entrada.

—¡Llegas tarde! — gritaba Luis, nuestro amado jefe.

—Nunca es tarde si la dicha es buena—contestaba Tomás valiente.

Solo que en vez de «dicha» empleaba otra palabra, que no estoy segura si es conveniente emplear en el blog de una escritora que se precie.

«NUNCA ES TARDE SI LA P…. ES BUENA»

Gritaba Tomás. Todos reíamos y él seguía llegando a trabajar a la hora que le salía de “la dicha”.

 

La vida está repleta de momentos y de diversas circunstancias que nos obligan o indican en qué dirección caminar.

El destino, la casualidad, o lo que sea que provoca cada experiencia que vivimos, (bonito tema para otra ocasión…),decidió, en un momento dado, hacerme una prueba de resistencia.

Una prueba dura, la verdad.

No estoy segura si el resultado fue: «apta» o «no apta», pero sí sé, que fue la causante de la situación propicia para que pudiera comenzar a escribir.

Y esto ocurrió justo con 55 años y todas sus rimas.

 

¿Cómo saber si fue tarde?

 

He pasado el día reflexionando sobre qué cosas no pueden hacerse con mi edad o no se realizan de la misma manera que con menos años.

Mi conclusión es: por supuesto, hay MILES. Sí. Soy incapaz de realizar mil cosas. Algunas, supongo que por causas naturales.

El cuerpo es como un vehículo: cuanto más lo usas, más se desgasta.

Lógica pura.

Además, las averías se multiplican dependiendo de si lo utilizas con precaución y de los cuidados que le regales.

Tengo que reconocer que he dedicado más esmero a mi furgoneta que a mí misma. Por ello, mi capacidad física es razonablemente inferior que cuando tenía 20 años.

Por ejemplo:

No puedo pasar una noche sin dormir. Eso de salir de fiesta hasta caer casi muerto y luego ir directa a trabajar sería impensable ahora mismo.

 

¿Alguien se identifica?

 

Bien, mi resistencia ha caducado, no puedo negarlo. Pero, ¿qué hubiera ocurrido si mi planteamiento de la vida hubiese sido diferente? Si en vez de frecuentar las discotecas nocturnas mis visitas se dirigieran a los gimnasios diurnos, estoy casi segura, que tendría más aguante en la actualidad.

Mi deporte siempre fue la lectura y un cómodo sillón en el que estirar las piernas después de trabajar horas de pie.

La consecuencia ha sido mis limitaciones físicas, pero no mentales.

Mi capacidad de aprender, comprender, imaginar, investigar y escribir se mantiene joven y lozana. El entusiasmo, motivación y pasión por la escritura también. Mis dedos aún pueden teclear a mayor velocidad que mis pies andar y mis ojos todavía brillan delante de un buen libro.

Por lo tanto, para mí, no es tarde, ni lo ha sido, ni lo será mientras siga acudiendo a mi gimnasio particular, ubicado al fondo y a la izquierda de mi cerebro, justo al lado de mi amplia y exclusiva biblioteca, repleta de recuerdos y experiencias que poder transcribir a una hoja en blanco.

 

¡Qué placer!

 

En fin, será tarde o no, según las aspiraciones que cada uno tenga.

Hasta dónde llegan mis conocimientos no hay leyes que regulen, que se puede o no se puede hacer según la edad.

 

Nunca es tarde para empezar a escribir ni para nada que produzca satisfacción.

 

 

¿Y a ti? ¿Se te ha hecho tarde para algo?

 

 

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